Lo bueno de vivir en un pueblo es que tienes la posibilidad, a la misma
puerta de casa, de dar un paseo en plena naturaleza. Y lo bueno de perderte por
un bosque es que nunca sabes qué clase de descubrimiento vas a hacer, y eso fue
lo que pasó el día que nos encontramos con el molino.
Buceando por la red, he encontrado una página que dice que es el Molino de
Marceliano pero no he tenido manera de confirmar esa información así que si
alguien sabe más sobre la historia de este edificio, agradecería enormemente
que me contase todo lo que supiese sobre el mismo.



